¡Ven a jugar conmigo el próximo viernes!

Si te apetece jugar conmigo y con algunos de los mejores jugadores de España de Counter Strike Global Ofensive (CS:GO), ahora tienes una oportunidad de lujo. El próximo viernes 19 de diciembre estaré desde las 16.30h. hasta las 19:00h. en un evento organizado por SteelSeries.

 

Será en el zona de Tecnología del Alcampo de Sant Boi de Llobregat. La entrada es abierta y gratuita. Habrá tiempo para jugar conmigo y con los jugadores pros, pero también para charlar y hacernos fotos con aquellos que quieran.

 

Asistentes al evento:

  • Jacky (Coolifegame)
  • MusambaN1 & FlipiN (Jugadores de x6tence de CSGO)
  • Eric “Diablo” Murillo (Twitch España)
  • Jerome (SteelSeries España)

 

Dirección del centro comercial:

  • c/. Alberedes, del 6 al 12. Pol. Ind. Salinas
    08830 Sant Boi (Barcelona)
  • GPS:
    • Lat. 41° 19′ 46,5” N
    • Long. 2° 2′ 51,28” E

 

¡Ahí nos vemos!

Amigos, pizza y una Play

Aunque alguien pueda dudarlo y haga ya mucho tiempo de ello, yo también fui joven. Como ni yo ni mis amigos éramos de salir mucho y romper la noche, nuestras sesiones favoritas eran las de quedar en casa del que tenía los padres fuera, encargar unas pizzas, pillar el mando de la Play y pasarse la noche jugando y jugando.

Nos habíamos pasado noches enteras superando juegos de cabo a rabo de una sentada u organizando torneos inventados a los que dábamos más importancia que a la Champions. A veces me asusta pensar la cantidad de horas que gastamos sentados en el sofá, simplemente disfrutando de buena compañía y de los juegos. Éramos, sin duda, muy felices.

Luego nuestras vidas han seguido por otros caminos, lógicamente, y apenas nos vemos; algunos tenemos hijos, otros viven en el extranjero y se hace casi imposible rememorar esos momentos. Casi, pero no imposible.

Por esto el próximo viernes 21 de noviembre de 8 a 11 de la noche y gracias a Domino’s Pizza, nos reuniremos los amigos de toda la vida para rememorar una sesión de esas: maratón de pizzas, amigos y Play.

Cada día iré dando un poco más de información, pero lo importante es que sepáis que estáis todos invitados a seguirnos a través del streaming en el canal de Domino’s, ya que vuestra participación será clave y además podéis ganar algún premio rico.

Pronto desvelaremos a qué juegos jugaremos, en qué consistirán los retos y cómo podéis participar, pero de momento, podéis usar el hashtag #retodominosgaming para preguntar lo que sea sobre el evento.

Debo confesar que de todas las acciones que he hecho, esta es la que más me toca el corazón. Encontrar una excusa perfecta para poder revivir veladas a las que les tengo mucho cariño es sensacional. Además, me apetece mucho que conozcáis a mis amigos de verdad, los de toda la vida, y veáis cómo éramos y cómo somos, sin máscaras ni cosas raras. Simplemente unos amigos comiendo pizza y jugando a la Play.

¡Ahí nos vemos!

 

Información de Domino’s para seguir el reto:

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Más transparencia en mi canal

Una de las cosas que siempre me ha preocupado de mi canal y en general de mi presencia en Youtube y sus derivados es ser honesto conmigo mismo y con la gente que me sigue o que esporádicamente ve mis vídeos.

Cuando empecé, sin dinero ni colaboraciones con empresas de ningún tipo, esto era más sencillo. Cuando el dinero empieza a aparecer, especialmente en el contexto de la cultura que compartimos, todo se complica un poco más.

Desde antes de la activación del partner (lo que te permite ganar dinero con los anuncios que se reproducen en tus vídeos) me marqué una norma que creo que he cumplido en los más de tres años que han pasado desde entonces: que el dinero no condicione el contenido.

Mi situación ha cambiado radicalmente desde mi primera colaboración remunerada (con EA, para hacer una serie de vídeos tutoriales) hasta el día de hoy, cuando vivo de lo que genera Youtube y sus derivados.

Sin embargo, a pesar de las colaboraciones con empresas, he intentado que nunca el dinero que pueda haber de por medio cambiara el tipo de vídeo que yo quería hacer. Me parecía que la forma más honesta de tratar con vosotros era hacerlo así, desdeñando campañas que no encajaran con lo que yo quería hacer o diciendo cosas que no pensaba.

Es realmente difícil saber qué vídeos míos son remunerados y cuáles no. De hecho, muchas veces reto a quien me pregunta sobre este tema a adivinar cuáles son cuáles y la mayoría falla de forma casi sistemática.

Sin embargo, y esta es la novedad, creo que las circunstancias han cambiado y viendo lo que hacen otros (especialmente en EEUU) me he dado cuenta de que no lo estoy haciendo de la forma más transparente.

Creo que ADEMÁS de intentar que el dinero no afecte al contenido, es necesario ser más explícito y explicar la relación que tengo con la compañía, el juego o la empresa que sea en cada vídeo en el que haya alguna.

Me parece más honesto hacerlo así porque no hay nada que ocultar y la publicidad encubierta me parece un mal asunto, más que un objetivo. Sí, quiero que el dinero no afecte al contenido, pero no, no quiero engañar a quien ve el vídeo.

Además, una total transparencia me permite disipar las dudas en aquellos vídeos en los que no hay acuerdo de ningún tipo. Las sospechas y la falta de confianza tienden a crecer si se es un poco opaco.

Así que a partir de ahora, en la descripción de los vídeos añadiré los siguientes comentarios para ser lo más transparente posible:

 

  • Si en la descripción no hay nada más allá de mis enlaces habituales es que no hay ningún trato ni relación a cambio de nada.
  • “Cortesía de”: si la compañía o empresa me ha hecho llegar el juego (edición especial, código digital, etc.), pero sin condición de ningún tipo. Yo hago el vídeo porque quiero, sin ninguna limitación. Ej: Este juego me llegó como cortesía de XXXX sin ningún acuerdo relacionado.
  • Promoción: si la compañía o empresa me ha hecho llegar el juego a cambio de una campaña de promoción (bien sea remunerada o no) del juego o de algún aspecto concreto del mismo (DLC, reedición, etc.). Ej: Este vídeo forma parte de una campaña de promoción del juego a cargo de XXXX.
  • Evento: si la compañía o empresa me ha invitado a un evento de promoción, presentación o grabación de gameplay a cambio de la cobertura del mismo, ya sea remunerado o no. Ej: XXXX me invitó a este evento a cambio de cubrirlo con este vídeo.

 

En muchas ocasiones ya he explicado en el propio vídeo que se trata de una campaña o de un evento organizado por tal o cual empresa. Y esa es la línea que quiero seguir, pero de forma sistemática, para que no haya ninguna duda.

Espero haberme ganado la confianza suficiente de mis seguidores como para poder hacerlo así sin que nadie crea que ahora, después de tres años, he roto mi norma de intentar que el dinero no afecte al contenido. Justo es lo contrario.

Si antes confiabais en mí, no hay razón para dejar de hacerlo. Simplemente, un poco más de transparencia.

Carta abierta a los trickshooters

Querido trickshooter, snipah, sniper, proplayer, acróbata del Cirque du Soleil,

Te confieso que no sabía si escribir esta carta con ironía o de forma seria. Así que haré todo lo contrario. Si estás leyendo esto es porque viste un vídeo mío llamado “Orgía de inútiles” y te has sentido ofendido. Si no es así, si no eres trickshooter, si lo eres pero no te ofendiste, si simplemente estás aquí por el cotilleo o porque no tienes nada mejor que hacer, te recomiendo que te quedes, porque me caes bien.

Bueno, que me voy por las ramas. Querido trickshooter, vamos a empezar con una analogía (tranquilo, no duele). Imagina que tienes un equipo de fútbol en la liga de barrio. Una de esas en las que todos los que juegan se creen Messi, pero les cuesta correr la banda sin tropezarse con la línea. Campos de tierra, barrigas cerveceras, gente que se toma muy en serio un hobby y flirtea con el infarto embutido en una camiseta que hace dos años le iba bien y ya no, mientras la mujer con el crío esperan, un poquito avergonzados, en la banda. Sabes de qué te hablo. Yo lo sé, porque he jugado a baloncesto mucho tiempo en una similar.

Imagina que en esa liga tu equipo se enfrenta al mío. Imagina que tu equipo es tan superior (más jóvenes, más fuertes, incluso entrenáis un día entre semana; mejores, en definitiva) que al descanso me ganas 9-0. Imagina ahora que eso no es suficiente, porque tu equipo no es un equipo de jugadores normales, sino que sois algo más. Os gusta hacer algo especial. Os gusta ganar el partido con una chilena de rabona (eso existe, el hospital está lleno de gente que lo ha intentado). Así que ni cortos ni perezosos, os dedicáis toda la segunda parte a intentar marcar el décimo gol así, de chilena-rabona. Porque es muy difícil y si lo consigues es la polla.

Mientras lo intentáis infructuosamente, con hostiones dignos de Humor Amarillo, mi equipo va remontando el partido. Somos malos, nos cuesta marcar incluso a puerta vacía pero, eh, esto es nuestra Champions y nos lo tomamos tan en serio como si, realmente, lo fuera.

Así que justo antes de que el árbitro pite el final, cuando incluso vuestro portero sigue intentando marcar de chilena-rabona, nosotros marcamos el gol de la victoria. 10 a 9. Y lo celebramos como si fuera, de hecho, la Champions. Por supuesto, cada uno puede jugar como le dé la gana, pero lo más normal es que si hicieras eso, alguien en el campo se riera de ti. De hecho, lo más normal sería que mi equipo te partiera las piernas, pero bueno, tampoco era una analogía perfecta.

Pues eso me pasó el otro día jugando a Black Ops 2. Sí, cada uno puede jugar como quiera, pero todos estamos expuestos a que se rían de nosotros, opinen, nos critiquen, etc. A mí me cuesta no reírme cuando alguien que se ha pasado siete minutos tirándose por un acantilado mientras gira en el aire para poner la guinda a su victoria me pide respeto. Me cuesta, la verdad. Igual el payaso soy yo. Podría ser perfectamente.

Hay que saber reírse de uno mismo porque nada es tan importante como tú te crees. Y tu estilo de juego en un shooter online mucho menos. Aunque quizás no te hayas fijado, me río de mi mismo en todos mis vídeos. Me tomo muy poco en serio y me hace gracia justamente tomarme tan en serio el maldito videojuego. Con lo malo que soy.

El humor, además, es algo subjetivo. Igual que la ofensa. A cada uno le hacen gracia cosas diferentes, a veces cosas muy raras. Me consta que incluso hay gente que se reía con (no de) Fiesta Suprema. Es un poco estúpido intentar convencer a alguien de lo que debe o no debe hacerle gracia. Lo mismo pasa con las ofensas. La gente se ofende mucho y, a veces, por cosas muy chorras. Me consta que hay gente que se sintió ofendida con Fiesta Suprema. Uno tiene todo el derecho del mundo a ofenderse por lo que le dé la gana, pero eso no le otorga un poder moral superior ni quita el derecho a otros de reírse con lo que tú haces.  

Si alguien tomara esa misma partida e hiciera un vídeo llamado, no sé, “El más tonto del mes”, en el que se muestra cómo necesito 10 minutos para llegar a 30 bajas jugando en serio contra gente que se pasa cinco minutos dando saltos e hiciera énfasis, por ejemplo, en lo incapaz que soy de darle a la carga de choque; si alguien se riera de lo patético que es esforzarse para ganar una partida que claramente nadie más se ha tomado en serio… Si alguien hiciera ese vídeo, probablemente sería muy divertido. Yo me reiría y, ten por seguro, que no me ofendería. Y si me ofendiera, desde luego eso sería mi problema.

Pero cada uno es como es y la comunidad de trickshooters y de snipers, por lo que detecto, tiene la piel muy fina. En mis vídeos me río de todos, pero por suerte no todos se ofenden. Se han ofendido los independentistas catalanes, los testigos de Jehová, los amantes de los perros (sí, en serio), los quickscopers, los merengues, los culés, los bajistas y los baterías (de verdad, créeme). Y siempre es el mismo patrón: todo es muy divertido hasta que se ríen de lo tuyo.

Así que pido perdón (por fin) por haber sacado punta en un vídeo de humor a cinco tíos dando vueltas en el aire y cayendo por un acantilado mientras el más tonto (el más malo) de todos ellos se dedicaba con todo su esfuerzo a ganar la partida. Y la ganaba. A mí eso me hace gracia. Perdón. Quizás si no llevaras el rifle fosforito, me haría menos gracia. No sé.

Google da miedo

O debería dárnoslo, al menos. Desde hace casi un año tengo un Nexus 4, teléfono móvil distribuido por Google y, lógicamente, con un sistema operativo Android. Desde hace años uso Gmail y otros servicios de Google como Youtube, Drive, Docs, Picasa, Maps…

No mentiré si digo que la unificación de cuentas de Google me pareció una buena idea y facilitó mucho mi día a día. Tener todos los calendarios, contactos, y registros de cualquier tipo vinculados a Google con un solo login hace mi vida más placentera y eficaz.

Hasta ahí, bien. Pero uno que ha visto muchas pelis de ciencia ficción en la que las máquinas se rebelan, está advertido de que todo empieza con una sonrisilla nerviosa. Ay, qué gracia. Y a la hora y media, todos esclavos si no lo remedia el Will Smith de turno. En mi caso, la sonrisilla llegó cuando mi móvil me avisó a través de una notificación de que el vuelo que debía coger esa misma tarde se había retrasado 10 minutos.

Ojo ahí, porque en ningún momento puse ese vuelo en mi calendario ni hice ninguna gestión ni registro de ningún tipo. Pero ellos (Google) sabían que iba a coger ese avión y sabían, ya de paso, que iba tarde. La segunda vez que me pasó ya deduje lo que pasaba: Gmail detecta tarjetas de embarque mandadas por email y las computa como citas en el calendario.

Hasta ahí, bien también, a pesar de la risilla nerviosa. Hoy me ha vuelto a pasar una semejante, pero más gorda. Las fotos que hago con el móvil se suben directamente a Picasa (y no se publican, que yo sepa, de momento…). Hasta ahí, bien también. Pero resulta que cuando Google detecta cierto patrón, deduce que estás de viaje y te monta un álbum.

¿Cómo? Pues lo que lees. En mi móvil acaba de salir una notificación que me avisa de que mi historia “Viaje a Empuriabrava” está lista y me pregunta si la quiero compartir. Alucino. Sí, estuve una semana en Empuriabrava (trabajando) y sí, eché fotos. Pero (que yo sepa) no las catalogo ni las localizo ni las vinculo entre ellas de ninguna forma. Pero Google sabe más. Sabe mucho. Sabe demasiado.

Detecta que hay varias fotos echas fuera de mi residencia habitual y consistentemente en el mismo sitio (Empuriabrava). Así que las agrupa por localización, las organiza por días y te monta una proyección de diapositivas chulísima en la que solo tienes que añadir el texto.

Oye, cojonudo. Cojonudo si no fuera porque YO NO QUIERO HACER UN ÁLBUM DE MI VIAJE A EMPURIABRAVA NI QUIERO QUE MI MÓVIL SEPA TANTO DE MÍ. No por nada, sino porque igual que sabe esto, puede saber muchas cosas más, cosas que yo no quiero sepa. Cosas que no quiero compartir porque mi vida es mía y de la gente con la que YO decido compartirla. Y porque el problema no es que lo sepa mi móvil sino lo que hay detrás: probablemente la empresa más poderosa del mundo en cuanto a información de sus usuarios se refiere. Da miedo. O debería.

Viaja solo

Viaja. Viaja solo. Yo no he encontrado forma mejor de disfrutar de mis pensamientos, de desconectar de los otros y conectar con uno mismo. No hace falta irse a la otra punta del mundo, simplemente estar unas buenas horas viajando, alejado de gente que conozcas y sin otra opción que estar encerrado (en un coche, en un tren, en un avión, en un camino) y hablar contigo mismo.

Ahora más que nunca cuesta desconectar de tu día a día. Es poca la gente capaz de aislarse en medio de su día a día para verlo todo desde fuera. Yo, al menos, no puedo. Así que cuando viajo disfruto de la posibilidad de reducir mi actividad al mínimo y poder centrar mis pensamientos en mí. En quién soy, en qué hago, en qué quiero. No lo fuerzo, no es un examen de conciencia, simplemente no tengo otra cosa en qué pensar. El viaje me transporta, nunca mejor dicho, a una burbuja en la que no hay nada más que la esencia. Ninguna de mis preocupaciones del día a día tiene ninguna importancia. Es un maravilloso paréntesis de tranquilidad.

En otras épocas de mi vida, esto era un infierno. Pensar demasiado era mala cosa. Intentaba estar con otra gente, hacer mil cosas, lo que fuera para no pensar, para no afrontar esas preguntas incómodas. Pero ahora no; desde hace unos años he conseguido dominar la bestia oculta en todo cerebro. Ahora soy capaz de verme desde fuera, desde fuera de mi vida porque mientras viajo no vivo mi vida.

Hay quien dice que eres lo que piensas justo antes de dormirte. Lo acepto, aunque con matices. Yo creo que eres lo que piensas cuando no piensas en nada más. Cuando no tienes ninguna distracción ni ninguna preocupación. ¿Dónde va tu mente cuando no tiene ninguna urgencia? ¿Dónde va cuando no la guías? Sea donde sea, pásate por ahí de vez en cuando. El viaje vale la pena.

 

 

Por favor

Pedir un favor parece tarea fácil, pero no lo es. Al menos no lo es hacerlo bien. Hay gente que no sabe pedir favores; creédme, me encuentro con ellos cada día. Por eso, porque sé que me lee mucha gente joven, me apetece compartir cuatro cosas sobre pedir favores.

  • Un favor se pide porque tú necesitas (o quieres) algo que no puedes conseguir por tus propios medios y la otra persona sí. Punto básico: tú necesitas a la otra persona. No es un acuerdo, no es una colaboración, no es cooperación. Tú necesitas a la otra persona, pero ella a ti, no*. Da igual quién seas (rico, famoso, listo, guapo, alto, mayor…), en esta situación particular, tú necesitas a la otra persona.
  • No puedes exigir, por eso los favores se piden. Aunque tu madre te haya querido muchísimo toda tu vida, no eres el centro del Universo. Que tú necesites algo y no puedas conseguirlo es tu problema y no el de nadie más.
  • Nadie está obligado a hacer favores. Te pueden responder que sí o que no. Pueden decidir ayudarte o no hacerlo. No hay ninguna obligación moral en cumplir un favor que te piden, porque no es un acuerdo, ni una colaboración ni cooperación. Es un favor.
  • Se dice gracias. Siempre. Tanto si te hacen el favor como si no. Porque, recordemos: tú lo necesitas y la otra persona no, no es un acuerdo, es tu problema y nadie está obligado.

 

Y sí, yo también pido favores a menudo. Y sí, estas cuatro cosas las he aprendido a base de cagarla no teniéndolas en cuenta.

 

 

*Muchas veces nos ayudamos por el bien común o por interés mutuo, pero entonces ya no son favores.

El mérito de ser viejo

Ser joven no es ningún mérito. Haber vivido menos no cuesta, no es algo de lo que enorgullecerse. Se te pasa. Tener menos edad no te da ninguna ventaja, aparte de tener más opciones de ganar si echas una carrera de aquí hasta lo alto de esa cuesta.

Ser ciegamente feliz a los 13 años, rebosar energía a los 15, ser rebelde a los 17, querer comerte el mundo a los 19, tomar las riendas de tu vida a los 20 no tiene mérito. No tiene mérito porque es lo normal. Estamos diseñados para eso, es nuestro momento de brillar, pero no como un sutil reflejo en una esfera de pulido metal, sino como el sol abrasador de agosto, a lo bestia, sin medida ni control. Brillas por abuso, por fuerza bruta, la fuerza de todo tu potencial, sin matices.

Lo que tiene mérito es ser feliz, tener energía, aún ser rebelde, comerte el mundo y gobernar el rumbo de tu vida a los 30, a los 40, a los 50. Eso sí tiene mérito. Porque como dijo Rosa Montero hace ya unos años, hacerse mayor es perder cosas. Perder potencial, perder ilusiones, perder escenarios posibles, perder pelo… Sólo ganas peso y preocupaciones. La vida se encarga de ir quitándote todo lo que te regaló de adolescente y cambiándotelo por responsabilidades y por muchos tienes-que-hacer. Cuando quieres darte cuenta, ya no te queda nada de tu juventud. Con suerte, te acuerdas y ya.

Por eso cuando alguien me dice que ya estoy viejo para jugar a videojuegos, hacer vídeos o vivir de lo que me gusta, siempre siento algo de pena. No por mí, claro, sino por ese joven que es demasiado joven para comprender el mérito que tengo. Ojalá él llegue a mi edad siendo, aún, joven.

Conoce a tu Youtuber favorito

En la prehistoria de los gameplays en Youtube, allá por 2010, era normal asistir a sonadas peleas entre Youtubers españoles cada dos por tres. Que si tú has hecho esto, que si tú hiciste aquello, que si tú en realidad querías decir eso…

Mi consejo (para Youtubers y para fans) siempre fue el mismo y sigue siéndolo: que tu canal hable por ti. Un Youtuber se expresa con sus vídeos y su canal. No hay mejor forma de conocer a alguien, de saber qué piensa, qué prioridades tiene, qué valora más, qué cree que es lo correcto, que mirando su canal. Por supuesto, la persona detrás del canal es un ente más complejo, con más matices y otras circunstancias, pero si hablamos de Youtubers (es decir, de la faceta de Youtuber de alguien), no hay mejor forma de conocerlo que viendo sus vídeos.

Así que si quieres conocer a tu Youtuber favorito, mira sus vídeos. Fíjate en qué hace, cómo lo hace y cuándo lo hace y sabrás de qué pasta está hecho. Y si eres Youtuber, no te metas en líos, no discutas, no te defiendas (o acuses a otros) con palabras. Que tu canal hable por ti.

Corolario: Cuida tu canal. Habla más de ti que cualquier otra cosa.

Querida Leticia

Todos tenemos nuestros puntos débiles, ese atajo directo a tu derrota. En mi caso son las ilusiones rotas de un niño. Los adultos solemos engañar a los niños por distintos motivos, la mayoría de ellos bienintencionados. Pero la realidad es que los engañamos.

Empezando por los Reyes Magos y acabando en el hombre del saco, amen de muchas otras mentiras piadosas o medias verdades. Jugamos con su ilusión y les hacemos creer en un mundo que se parece, pero no es el nuestro. O quizás nosotros hemos destruido el suyo, el auténtico. Quién sabe.

La cuestión es que me rompe por dentro cada vez que veo la ilusión de un niño rota. Y aún es peor si él no lo sabe o no se da cuenta. Ser consciente como adulto de que todas esas esperanzas, esa energía absoluta, sin matices, están puestas en algo que no sucederá, me puede.

Ejemplos hay miles, pero el último que viví me impactó especialmente. Fue en el plató de La2, rodando un capítulo de Fiesta Suprema. Necesitábamos una carta de atrezzo para uno de los sketches y el encargado nos trajo una de verdadera que tenían en un almacén.

Era una carta mandada por una niña a principios de los 90 y dirigida a Leticia Sabater, la presentadora del programa “Con mucha marcha”, exitazo de la época. La carta estaba aún cerrada.

El simple hecho de imaginarme a la niña eligiendo el sobre (de color, con dibujos), buscando la dirección (no había internet en esa época), probablemente con la ayuda de sus padres, sincerándose con uno de sus ídolos y esperando que al menos Leticia leyera la carta, me llegó.

Sé que es una tontería y que probablemente esa niña sea ahora una mujer que se reiría sólo de recordar que le gustaba Leticia Sabater. Lo sé. Pero eso no cambia ese momento, esa ilusión puesta en un sobre que acabó, literalmente, olvidada en un almacén polvoriento.

Dudé entre abrirla o dejarla cerrada. Por un lado, no tenía nada que ver conmigo ni tenía derecho a abrirla (y leerla), pero por otro lado, pensé que esa carta merecía que alguien la leyera. Lo sé, soy un cursi.

Así que la abrí y la leí. Y eso acabó de matarme. Letras de colores, dibujos y mucha esperanza. Nada que no haya escrito cualquier niña de 12 años en algún momento de su vida. Una tontería. Algo gracioso, si lo piensas bien. Pero yo no puedo pensarlo bien. Estas cosas me pueden.

Lo pasaré mal con mi hijo.