¿Quieres ir al Jr NBA Gigantes Camp? Yo te ayudo

Este es el tema. Sorteo una plaza para el Jr NBA Gigantes Camp entre todos los participantes que usen el hashtag #OutLlevameAlCampusJrNBA en Twitter explicándome por qué quieren ir. No es necesario mencionarme ni seguirme para participar, aunque se agradece porque así me entero 😀

 

El sorteo acaba el miércoles 28 de junio y puede participar cualquiera aunque la plaza debe ser para un chico o chica de entre 8 y 17 años. No es necesario que el usuario de la cuenta tenga esa edad ni sea quien participará en el Campus, pero sí que elija (y nos diga) para quién sería la plaza.

 

Si el ganador elegido al azar no responde al mensaje de contacto en menos de 24 horas o no cumple los criterios de elección, el premio pasaría al siguiente usuario elegido al azar.

 

Detalles del premio:

* Semana: del 3 al 8 de julio.

* Regalo a todos los participantes: camiseta reversible, camiseta

manga corta, gymbag, calcetines y gorra.

* La plaza que se sortea es externa, (almuerzo, comida y merienda

incluida) es decir empieza a las 9:00 y termina a las 18:00, de lunes a

viernes y el sábado de 9:00 a 13:00.

* El desplazamiento y el alojamiento es a cargo del jugador/a. Si

desea alojamiento se le puede incluir en la residencia del campus

pero tendría que pagar la diferencia.

* Localización: El Jr. NBA Gigantes Camp tendrá lugar en el Colegio San José del Parque.

 

 

Los huevos y las cestas

Siempre he dicho que por suerte nunca he podido vivir de las visitas en Youtube. Y hoy en día, con los cambios en el algoritmo de Youtube, los fallos en las notificaciones, el CPM menguante y mi falta de motivación, me reafirmo aún más.

No poder vivir de las visitas en Youtube me llevó a tomármelo como un hobby con sobresueldo durante los primeros tres años y me obligó a buscar otras fuentes de ingreso cuando dejé mi trabajo y me dediqué exclusivamente a Youtube. Digo “me obligó” pero nunca fue algo forzado. Por un lado, me aburre hacer siempre lo mismo (sea lo que sea) y por otro, lo de no tener todos los huevos en la misma cesta siempre me ha parecido lo más sensato.

Actualmente, pocos Youtubers viven únicamente de sus visitas (aunque algunos podrían) y quien más quien menos, todos tenemos otras fuentes de ingresos. Principalmente patrocinios, esponsorizaciones y merchandising.

Tras casi siete años en Youtube, mi sensación es que cada vez dedico menos tiempo (y me apetece menos) hacer vídeos y más me motiva todo lo demás a su alrededor. Sin embargo, llevaba unos días pensando en si esa percepción se traducía de forma fiel en mis ingresos. Si la proporción de mis horas y dedicación correspondía con la proporción de cada fuente de ingresos.

Así que lo he calculado. He dividido mis ingresos de 2016* en cuatro categorías: visitas de Youtube, campañas, encargos profesionales y cursos/charlas.

Las visitas son el dinero que me da Youtube por los anuncios que se muestran en mis vídeos. Es un ingreso muy irregular que no sólo depende de las visitas (que también son irregulares en mi canal). En las campañas he incluido patrocinios como el de ElGato y colaboraciones con empresas, principalmente relacionadas con videojuegos. En encargos profesionales van artículos en revistas, locuciones en ACB, pero también la colaboración con Port Aventura y FerrariLand en su canal o todo el proyecto Extra Life. Por último, en cursos y charlas he puesto eso, cursos, charlas y conferencias en institutos y centros de todo tipo.

La verdad es que los porcentajes me han sorprendido un poco. El 38% de mis ingresos del año pasado procedieron de campañas publicitarias. El porcentaje más alto. Lo sigue el 28,5% de los encargos profesionales, que fue anormalmente alto en 2016, la verdad. A bastante distancia, están las visitas de Youtube, que sólo suponen el 17,4%, mientras que el porcentaje más bajo es el 15,95% de los cursos y charlas.

¿Qué importancia tienen estos datos y qué conclusiones se pueden sacar? Pues ni idea. Me apetecía saberlo, así que asumí que quizás a vosotros también os apetecería. Desconozco si otros Youtubers tienen proporciones similares. Asumo que no, porque cada caso es un mundo o, mejor dicho, el mío es bastante particular. En cualquier caso, espero que en el futuro el porcentaje de encargos y charlas vaya subiendo, para depender menos de la publicidad y de las visitas. Ese sería mi ideal.

*Gané un poco más de lo que ganaba en ACB, aunque no mucho más. Como nadie me preguntó nunca cuándo ganaba como periodista, entiendo que tampoco hay motivo para preguntarlo ahora. Ni para decirlo, claro. Pero vamos, que es un dinero suficiente para vivir (con dos hijos, viviendo de alquiler y trabajando los dos) y ahorrar un poco. 

¿Quién soy?

Hace unos días, un compañero de colegio de mi hijo (4 años) le dijo tras pelearse ambos que era un mal niño. Mi hijo, indignado, respondió que él era un buen niño, porque se preocupaba de los otros cuando lloraban.

Cuando llegó a casa nos lo contó varias veces. Estaba preocupado e insistía en que él no es malo, sino todo lo contrario. No deja de ser una anécdota sin más importancia, pero retrata a la perfección lo que quiero tratar hoy: cómo la opinión de los otros define (en parte) lo que somos.

¿Quién soy yo? ¿Periodista, Youtuber, padre, formador, conferenciante, marido? ¿Catalán, español, viejo, joven (de espíritu), vividor, emprendedor, culé, merengue, feminazi, facha, podemita, pionero, referente, vendido, independentista, hippie, comunista, capitalista? Todo ejemplos reales leídos en mis redes. Si tuviera que definirme en función de cómo me ven los otros sería una especie de Frankestein demoníaco esquizofrénico. Y la verdad es que me cuesta responder a peticiones básicas como “a qué te dedicas” o “preséntate en una línea”.

Es cierto que tener presencia en las redes sociales provoca que más gente tenga una visión superficial o sesgada de ti y que, por lo tanto, te aplique etiquetas que no te definen, o no del todo, pero también es cierto que no podemos evitar que esa visión externa nos influencie. Mi caso, además, es particular, porque mi trabajo me obliga a tener muchos perfiles diferentes y, por suerte, no quepo en una definición tradicional al estilo de abogado, mecánico o actor.

¿Así que quién soy yo? Uno suele pensar que es lo que uno quiera ser. Que no debe dejarse influenciar por los demás y que “yo y los que me conocen saben como soy”. Que la complejidad se limita cuando me conoces de verdad y que no tengo por qué reducirme a una frase o una palabra. Y aunque este mensaje es positivo y ayuda a confeccionar una personalidad fuerte, no podemos vivir aislados o eligiendo la opinión de quién nos importa y quién no.

Todos necesitamos las etiquetas para gestionar un mundo muy complejo y además, cada vez más rápido. Tenemos contacto con tantas personas a diario (ya sea en las ciudades, en el trabajo u online) que necesitamos reducir la complejidad con etiquetas para poder gestionar tanta información. Necesitamos reducir los inputs que recibimos, simplificarlos y ordenarlos. Y para eso usamos las etiquetas.

Yo sé quién soy (o eso creo). Tras casi 40 años de vida creo que me conozco más o menos bien. Pero también es cierto que a veces me sorprendo o me doy cuenta de una característica (a veces buena, a veces mala) en la que nunca me había fijado. Y eso siempre viene de la observación de otros. Es también a través de mi interacción con los otros que me defino.

No podemos vivir aislados así que tenemos que tener en cuenta la percepción de otros y asumirla. Yo no soy catalán, español, viejo, joven (de espíritu), vividor, emprendedor, culé, merengue, feminazi, facha, podemita, pionero, referente, vendido, independentista, hippie, comunista o capitalista. O no sólo. Quizás un poco de cada, porque si alguien ha percibido eso es que quizás he dado esa impresión en algún momento.

Soy muchas cosas y nunca una de sola. Soy cosas diferentes hoy y mañana. Fui diferente ayer. Y más vale que siga cambiando y en movimiento o, como los tiburones, me podré dar por muerto. Que los porcentajes cambien, que las percepciones cambien, que surjan nuevos perfiles míos. Que cambie todo menos lo único que me diferencia, el nombre. Soy Roc.

Y bueno, bien pensado, eso también se puede cambiar.

No es tan difícil

¿Crees que deberíamos tratar a todas las personas por igual independientemente de su género? Sí.

¿Crees que se trata a todas las personas por igual independientemente de su género? No.

¿Crees que deberíamos tratar a todas las personas por igual independientemente de su procedencia? Sí.

¿Crees que se trata a todas las personas por igual independientemente de su procedencia? No.

¿Crees que deberíamos tratar a todas las personas por igual independientemente de sus condición sexual? Sí.

¿Crees que se trata a todas las personas por igual independientemente de su condición sexual? No.

 

No sé, yo no lo veo tan difícil de entender.

Vacaciones, por favor

La rutina siempre ha sido un arma de doble filo para mí. Por un lado, supone una comodidad y confort que me ayudan a ser feliz. Por otro, anula la autocrítica y suele impedir que pruebes cosas nuevas y que te arriesgues para llegar a nuevos sitios, a menudo mucho mejores que los que ya tienes.

Y si algo no es mi vida laboral ahora mismo es rutinaria. O eso pensaba. Tengo un montón de proyectos entre manos (quizás demasiados) por lo que no debería haber sitio para la rutina. Pero lo hay. La obligación autoimpuesta de subir un vídeo al día ha convertido lo más esencial de mi trabajo, subir un vídeo, en algo rutinario. Y eso, sin hacerme especialmente feliz, sí ha anulado mi espíritu crítico y mi pasión.

He tardado un poco en darme cuenta, porque uno siempre prefiere no analizar su vida o su trabajo a cada instante si puede evitarlo y porque, a decir verdad, los números del canal van a muy buen ritmo y no había ninguna señal de alarma.

Pero la verdad es que estoy cansado. Cansado, aburrido y no satisfecho con los vídeos de las últimas semanas. La mayoría de veces no me hace ilusión grabar un vídeo ni tampoco editarlo, lo cual es más grave, porque suele ser la mejor parte, para mí. Y claro, el contenido tampoco es bueno. O no tan bueno como yo quisiera. O quizás es bueno, pero a mí no me gusta.

Hay varios factores para ello. Uno es que no tengo vacaciones como Dios manda desde hace quizás tres años. Otro es que estoy jugando muchas horas a juegos de los que no subo contenido, lo cual siempre es un problema. Y por último, el trabajo relacionado con Youtube pero no directamente con generar contenidos, se ha multiplicado. Lo cual es una buena noticia para mí, pero me obliga a priorizar y a tener menos tiempo para crear vídeos mejores o invertir en conseguir contenido diferente, más original, etc.

Por supuesto, esto no es la primera vez que me pasa. Suele ocurrir un par de veces al año. Quizás por la propia naturaleza del medio o quizás por mi forma de ser. No lo sé. Y siempre vuelvo a recuperar la ilusión y a hacer vídeos que me gustan y que aportan algo nuevo. No estoy preocupado por eso.

Pero la cuestión es que voy a parar un poco. Voy a dejar de subir vídeos de forma regular durante un tiempo (días, semanas, no lo sé). O al menos dejar este ritmo de un vídeo diario. Intentaré subir sólo vídeos que me apetezca hacer o que crea que pueden ser divertidos. Como debería ser, estarás pensando. Pues sí, como debería ser.

Si encontramos tiempo para quedar, la serie de Dark Souls 3 con Lou no se parará, porque me gusta grabar y editar los vídeos, así que no hay motivo para dejar de hacerlo, de momento. Pero el resto de contenido, ya se verá.

Esto no es una excusa ni pretendo despertar compasión ni ningún otro sentimiento. Simplemente creo que es lógico compartirlo con vosotros puesto que el canal es también, en cierta medida, vuestro.

Por qué no digo a quién voto

De un tiempo a esta parte, me han preguntado bastantes veces a quién voto (o votaré) y hasta han llegado a exigirme decirlo y a criticar el hecho de no hacerlo.

Curiosamente esto nunca me había pasado antes de ser una figura con cierto impacto público, de lo que deduzco que quien me pide revelar mi voto no lo hace por un interés personal en mí, sino por mi condición.

Y estoy en parte de acuerdo en que las figuras públicas (de mayor o menor tamaño, del ámbito que sean) tienen una mayor responsabilidad sobre sus actos y opiniones, además de la capacidad de influir sobre sus seguidores o sobre la sociedad en general. O sea, que es relevante que una figura pública diga a quién vota.

Además, la naturaleza del fenómeno Youtuber nos lleva a compartir ideas y emociones muy personales, puesto que se basa en la identificación por parte de los seguidores y la empatía que podamos generar. Y eso se consigue hablando de uno mismo.

No comparto tanto la idea de que sea obligatorio mojarse o posicionarse. Ni con todo ni con algunas cosas concretas. Entre otras cosas porque opinar de todo es el camino más rápido para decir tonterías. Tampoco creo que todos los aspectos de mi vida deban ser abiertos y transparentes. Hay límites y los límites los pongo yo. Igual que nunca contamos todo a nadie, ni siquiera a nuestra pareja. Y sí, a veces uno no se moja para evitar una reacción negativa. Además de comunicadores, también somos un producto y debemos tener cuidado con la imagen que proyectamos. Hay quien opta por ser totalmente neutro y quien opta por posicionarse en todo y hacer de la crítica y la polémica su bandera. Ambos casos valen, pero porque ambos casos (y todos los que hay en medio) tienen un fin, digamos, comercial. Respetable y comprensible.

Dicho esto, explico de forma concisa los motivos por los que no digo a quién voto y por los que creo que nadie debería verse obligado a decirlo.

  1. Porque no sé a quién votaré. Sí, las elecciones son en cuatro días, pero aún no tengo claro mi voto. Ya hace tiempo que ningún partido concuerda con mis ideas, pero es que esta vez ni siquiera un poquito y odio votar por tacticismo o tirando de voto útil.
  2. Porque no siempre voto a un partido. No puedo decir “voto a X” y que eso sea cierto siempre. He votado a casi todos los partidos del espectro en los veinte años que hace que voto. Ni soy militante ni simpatizante de ningún partido, pero es que tampoco me puedo considerar votante de uno en concreto.
  3. Porque (al menos en España) la política es como el fútbol. Si digo que voto a X, de repente debo convertirme en un defensor a ultranza de ese partido o al menos así seré percibido por los votantes de otros partidos.
  4. Porque desde el momento en el que diga que voto a X, todos los errores, dislates, delitos, salidas de tono y polémicas que afecten a ese partido se me atribuirán automáticamente. “Mira lo que ha hecho tu partido”. No exagero ni me lo invento. Ya me pasa en otros ámbitos.
  5. Porque no comprendemos que uno se puede arrepentir del voto o que puede votar y ser crítico al mismo tiempo o votar por otros motivos que el estar de acuerdo con un programa electoral (como digo, no soy muy fan del voto útil, pero existe y lo comprendo).

 

Dicho esto, aprecio a quien lo diga, a quien haga promoción de algún partido en concreto o cualquier otra variante, por supuesto. Lo admiro, por todo lo dicho anteriormente.

 

Mi primer videojuego

He creado mi primer videojuego y no, no hablo de Extra Life. Bueno, con “creado” quiero decir “seguido un tutorial de Unity” con algunas aportaciones personales y por videojuego quiero decir una experiencia interactiva com gráficos de 1990 y 1 minuto de duración.

Eh, pero es mío.

Empecemos por el principio: siempre me han gustado los videojuegos (recuerdo las sesiones de Spectrum con mi padre a mediados de los 80) y siempre me ha interesado saber cómo se hacían. A finales de los 90 creé una versión del juego del ahorcado en Pascal durante un semestre en la clase de informática. Bueno, lo creamos el primer día y luego nos pasamos el resto de clases añadiendo palabras. Palabras chorras. Teníamos 16 años, qué quieres.

Ya entonces programar se me antojó como algo complejo, tedioso, nada intuitivo y muchos menos gratificante que jugar a los juegos que ha hecho otro. Así que nunca más me imaginé a mí mismo programando nada.

Nunca más hasta el verano de 2014, cuando pensé que quizás uniéndome a mi hermana (diseñadora gráfica) y su marido (diseñador de webs y programador de apps aficionado) podría crear un videojuego pequeñito y personal. Valiéndome del esfuerzo y los conocimientos de otros, eso sí.

La idea no cuajó, lógicamente, pero se plantó una semilla. Le conté la idea a Samuel Molina (Fukuy) y me dio la peor respuesta posible: “Oye, pues no es mala idea”. La semilla ya empezaba a convertirse en plantita.

Unos cuantos meses después, Carlos Ortet (fundador de la productora Zoopa) vio Indie Game: The Movie y se enamoró. Propenso como es a imaginarse proyectos imposibles y, de alguna forma milagrosa, convertirlos en realidad, se propuso crear un documental (primero falso, con Loulogio y yo como protagonistas) para contar el proceso de creación de un videojuego a cargo de dos personas sin la más remota idea de lo que se hacían.

Esa idea evolucionó durante varios meses hacia un documental real sobre el proceso real de cumplir un sueño: el mío de crear un videojuego. Finalmente al proyecto se sumó Fukuy como compañero/mentor y nació Extra Life.

Guay. Muy guay, de hecho, pero sigue sin ser mi videojuego. Será “nuestro” videojuego, para ser precisos. Y aunque estoy metido de lleno en todo el proceso creativo y de diseño, sigue siendo algo que hago con otra gente, sin ser capaz de hacerlo solo.

Pero Extra Life es una puerta abierta, una oportunidad única. Así que pensé en aprovecharme de mi curiosidad genética por lo que me rodea para aprender algo de programación, producción y diseño, con el fin de, algún día, poder hacer mi pequeño videojuego. Mi videojuego casi minúsculo, casi nada, sin apenas mérito. Pero mío.

Y ese día es hoy. Durante el rodaje del episodio número 13 de Extra Life Fernando Ruiz (l_draven) me hizo una clase rápida de los conceptos, mecánicas y lenguaje que estamos usando en el juego de Extra Life. No os quiero hacer spoiler, pero disfruté como un niño y se abrieron de repente mil ventanas y puertas en mi cabeza, derribando antes de nada el muro que yo mismo construí hace 20 años pensando que lo de programar era algo fuera de mi alcance.

Así que al llegar a casa me puse a programar. Quería hacer un juego sencillito de una bola que rueda, pero con un mensaje más profundo. No era difícil de hacer, pero desde luego no tenía los conocimientos suficientes. Así que busqué un tutorial y di con algo perfecto: ni más ni menos que el primer tutorial de Unity para principiantes.

Seguí todos los pasos para crear el juego Roll-A-Ball, pero intentando entender para qué servía cada cosa. Creo que soy un tipo rápido y espabilado, pero mentiría si dijera que entendí la mitad de las cosas que hice. Sin embargo, pasé tres noches dándole al tema y modificando el proyecto para añadir cosas que me parecían interesantes y hacer el proyecto más mío.

Acudí a la ayuda de amigos, como debe ser. Ellos, quizás más entusiasmados que yo por mi ilusión, me echaron un cable en todo lo que necesité. Tanto Fer como Miquel fueron pacientes y didácticos. Me explicaron cosas que no sabía (cómo cambiar de forma un objeto ya creado, cómo añadir un contador de tiempo, soluciones simples a problemas complejos, etc.) y corrigieron las meteduras de pata que fui cometiendo.

También sería mentira decir que he hecho este videojuego yo solo, pero sería injusto decir que no he puesto de mi parte. Una vez comprendes la base y la estructura de Unity, el resto es conocer los comandos y, sobre todo, pensar con lógica. Y esa parte ha resultado ser la más gratificante. Es como un pequeño puzzle que tú mismo te creas y tú debes resolver. Una especie de guerra entre la máquina y tú que se gana pactando.

Total, que ya he hecho mi juego y aquí lo pongo para quien quiera disfrutarlo: versión Macversión Windows.

El juego es gráficamente cutre (no he dedicado ni un minuto a cambiar fuentes, colores ni nada parecido) y muy corto, pero estoy orgulloso de él. O quizás estoy orgulloso de haber superado mi propio prejuicio. No lo sé, pero estoy orgulloso. Ojo, no esperéis gran cosa. Tratadme como a un niño que ha juntado cuatro macarrones para hacer un marco de fotos. Con la misma ilusión, eso sí.

PD: El juego es gratis, pero con el DLC os cascaré 20 eurazos xD

PD2: Contadme qué os ha parecido el mensaje que pretendo contar.

PD3: Si no os funciona hacédmelo saber, aunque seguramente no tendré ni idea de cómo arreglarlo jajaja

 

 

El megáfono

Hace un par o tres de días, un niño de 3 años se perdió en medio del bosque en los alrededores de una casa rural gerundense. Rápidamente se activó un plan de búsqueda y rescate en el que participaron un montón de voluntarios, además de los cuerpos de seguridad.

Como es habitual, se transmitieron muchas peticiones de ayuda también en las redes. Al parecer (yo no lo comprobé, aunque parece plausible y probable), la mayoría de ellos estaban escritos en catalán.

Esto sorprendió y preocupó a la usuaria madrileña de Twitter Nuria Onoro (@nuria_onoro), quien escribió estos dos tweets:

 

 

Lo que yo entendí de este tweet es que las posibilidades de encontrar al niño y, de hecho, su propia vida, estaban en peligro porque la mayoría (que no todos) de tweets pidiendo ayuda estaban escritos en catalán. Así que (equivocándome bastante) escribí esta respuesta cuando al final encontraron al niño*:

Captura de pantalla 2016-01-03 a las 10.13.02

 

Al cabo de unas horas me di cuenta de que mi tweet estaba mal por varios motivos. El primero es que malinterpreté el mensaje inicial de Nuria. El segundo es que hice accesible a todos mis seguidores el “debate”, sin dar la posibilidad a Nuria de explicarse y sin, de hecho, mirar si ya se había explicado. Por último, no calculé las consecuencias de mi acto.

El resultado fue que aumentaron las menciones a los tweets de Nuria con insultos, humillaciones y malas formas en general. Algo que sigue sucediendo aún hoy. Por supuesto, no fui el único que puso el altavoz en este tema y no puedo responsabilizarme por las acciones de otros, pero no se puede negar que contribuí a empeorar una situación bastante desagradable.

Al rato, ella se disculpó conmigo por no haber sabido expresar lo que quería decir. Yo me disculpé con ella por las formas en las que me expresé, por haberle puesto el megáfono y por no haber esperado a una explicación o disculpa por su parte antes de lanzarme (y lanzarla) al ruedo.

 

Sigo pensando que tengo razón y sigo estando en desacuerdo con su opinión, pero no creo que ese sea el mensaje que ha quedado, sino todo lo contrario. En Girona un 95% de la población dice entender el catalán (probablemente más si contamos sólo la gente que usa redes como Twitter), por lo que no es una lengua minoritaria en ese territorio y el “daño” que podría provocar que todos los mensajes no fueran en español es despreciable, frente a la lógica de usar tu lengua materna y de uso habitual en una situación de urgencia en la que te diriges a tus vecinos, que usan, en su mayoría, la misma lengua.

Es una obviedad que cuanto más conocido y usado sea el idioma que se elige, más gente lo entenderá. Igual que es obvio que cuantas más lenguas se usen, más posibilidades hay de que alguien lo entienda. El francés quizás hubiera sido útil en esa zona. Pero en realidad, si alguien quiere ayudar, el catalán no es una barrera en Girona (las autoridades tuvieron que pedir por favor que nadie más acudiera como voluntario, que había demasiados). Esa es una realidad que estoy convencido que Nuria desconoce y que quizás hubiera estado bien explicársela sin insultarla ni tratarla de nazi para arriba**.

 

Porque la sensación con la que me voy de esta discusión es que:

A) Aún hay mucha ignorancia y desconocimiento en España al respecto de las lenguas.

B) Twitter no es un buen sitio para debatir.

C) Si insultamos y humillamos a cualquiera que opine en Twitter (acertadamente o no, con más información o menos, con mejor o peor educación) estamos echando gasolina al fuego.

D) Nos aferramos al tweet polémico, al error, a la descontextualización, y generamos un tsunami que ya no se para, pase lo que pase. Da igual que pidas perdón, que rectifiques, que borres el tweet (¡eso es aún peor!). Da igual, el linchamiento nunca termina.

 

Quizás deberíamos reflexionar sobre eso, sobre cómo tratamos la discrepancia en las redes sociales, sobre la poca empatía que tenemos y lo fácil que es hundir a alguien (hay mil casos de gente que ha tenido que cerrar su cuenta por el acoso tras un tweet) sin pensarlo demasiado. Que esta entrada me sirva como autocrítica, puesto que no es la primera vez que reacciono así y contribuyo a una situación que no me gusta. Ojalá sea la última.

 

*Cuando Nuria me explicó que las menciones no cesaban y me pidió que la ayudara, decidí borrar mi tweet, para al menos, no atraer a más gente. Por eso pongo una captura de pantalla y no el enlace al tweet.

**Empecé a recolectar menciones desagradables hacia Nuria pero lo dejé porque me estaba poniendo de mala leche y porque no quiero darles, de nuevo, altavoz. Quien tenga estómago, interés y paciencia, que lo busque.

La CUP y la democracia

No entiendo tanto lío, la verdad. Muchos (sobre todo independentistas simpatizantes de CDC y ERC) tildan de anti-democrática la actitud de la CUP de no querer (de momento) facilitar la investidura de Artur Mas como President de la Generalitat. Su argumento es que los 62 diputados de Junts pel Sí (la coalición que incluye a CDC y a ERC, entre otras entidades) deberían imponerse a los 10 de la CUP. Vamos, que no puede ser que “sólo” 10 diputados condicionen la decisión de 62.

Hola, soy la democracia y esto es Jackass. Si no quieres depender de ningún otro partido, debes ganar por mayoría absoluta. Esa es una de las bases de nuestro sistema parlamentario. Si no tienes mayoría absoluta, dependes de otros (por lo menos en la primera vuelta). Eso es bastante democrático.

Los representantes de Junts pel Sí llevan meses diciendo que tirarán adelante el proceso de independencia de Catalunya porque ese es el mandato democrático que ha expresado el pueblo catalán (sobre si son o no mayoría podemos hablar otro día). Cumplir el mandato de tus electores es democrático. Ok.

Resulta que el mandato democrático que expresaron los votantes de la CUP era bastante claro, también: independencia, pero no con Mas. Era un mensaje bastante simple que repitieron hasta la saciedad. Vamos, que un independentista tenía claras sus dos opciones: Quiero independencia con Artur Mas –> Voto a Junts pel Sí; Quiero independencia SIN Artur Mas –> Voto a la CUP.

Si analizamos los discursos durante la campaña queda clara que esa era la principal diferencia (si no la única) entre ambos partidos. Así que tras las votaciones parece lógico que, a pesar de que el escenario sea desfavorable para los intereses independentistas de formar un gobierno estable, los representantes de la CUP decidan no investir a Mas, tal y como se lo han pedido sus votantes. Eso también es bastante democrático.

Y por último, lo de la asamblea. Oye, cada partido decide sus cosas a su manera. A veces votan todos los afiliados, a veces un comité, a veces un grupito selecto de gente poderosa y a veces una sola persona. Eso ya lo decide cada cual. En cualquier caso, que la CUP deje en manos de sus bases el decidir si cumplir o no lo que prometieron en campaña me puede parecer muchas cosas, pero desde luego no anti-democrático.

Resumiendo, estamos en una situación super democrática. Incómoda y jodida para algunos, sí. Pero democrática. Es lo que tiene.

Un favorcillo para el Canijo

Necesito que me eches un cable. Si quieres participar en el vídeo del Canijo de hoy, puedes mandarme un archivo de audio a mi email (info@outconsumer.es) con la frase “Sube la dificultad”. Puedes decirlo en el tono que quieras, cuanto más divertido, mejor. Usaré los 3 o 4 mejores. Muchísimas gracias 🙂