El machismo daltónico

He seguido con devoción la serie The Newsroom escrita por Aaron Sorkin (creador de El ala oeste de la Casa Blanca) durante sus tres temporadas. La serie, a pesar de su moralismo, me enganchó desde el primer momento, seguramente porque soy periodista y en ella se muestran a muchos periodistas haciendo cosas muy chulas que sólo se hacen en las películas. O que cuando se hacen en la vida laboral real no tienen ni este glamour, ni música de fondo ni, por desgracia, un buen final.

Así que no puedo ser imparcial a la hora de juzgarla. Tampoco puedo serlo a la hora de valorar las numerosas acusaciones de machismo (o misoginia, depende de quien lo escriba) a su creador. No puedo porque soy un hombre y eso, lo admito, me convierte en una especie de daltónico del machismo. Comprendo qué es el machismo, pero me confundo a la hora de trazar líneas y entrar en detalle.

Le critican a Sorkin que todos sus personajes femeninos son demasiado volubles, inmaduras emocionalmente, incapaces de imponer su visión del mundo y que siempre deben esperar al hombre que venga a rescatarlas y a solucionar el embrollo. Estas acusaciones llegaron durante la segunda temporada, por lo que la tercera la miré con el objetivo de superar mi daltonismo y descubrir si en efecto es una serie machista o no. A mí no me lo parece. Más bien al contrario. Creo que es una serie escrita por un hombre que actúa como si fuera superior, pero que sabe que no lo es. Escrita por un hombre que idolatra a las mujeres y las retrata como sabe, un poco exageradas.

¿Quiero decir que yo creo que las mujeres son un poco volubles? No. Pero sí creo que Sorkin lo cree. Creo que Sorkin retrata a hombre pomposos, que viven en nubes de ideales utópicos, que marchan con coraza y sobre un caballo para salvar el mundo, pero que no saben amar, no saben expresarse emocionalmente y, además, no saben resolver nada. Son las mujeres (Mackenzie, Sloan y, sobre todo, Leona) las que acaban solucionando los problemas. Ellas, volubles y aparentemente inferiores a sus compañeros hombres, son las que consiguen lo que quieren haciendo lo correcto. Los hombres, por el contrario, acaban siempre haciendo el ridículo, exagerados en su masculinidad y síndrome de superhéroe. Will, Jim, Don, Charlie… todos ellos caen en el ridículo a menudo, todos ellos se comportan como si efectivamente fueran superiores a la mujer, pero las necesitan para tener éxito.

Para mí, eso no es machismo. Pero no lo sé. Dudo. Creo que soy incapaz de diagnosticarlo de forma objetiva. Noto que necesitaría cierta distancia. Igual que un blanco tiene dificultades (en general) para comprender qué debe ser ser negro en Alabama, haber sido esclavo o ser inmigrante en un país occidental. No podemos saber qué es porque estamos en el otro lado. Podemos tener empatía, por supuesto, pero me parece que es imposible comprender cómo nosotros mismos tratamos a otro, desde su punto de vista.

Podemos caer en la trivialización (que no se quejen las mujeres, que incluso tienen ventajas legales) o en la exageración (queriendo ver machismo incluso en ofrecerte a pagar la cena con otra persona… si esa persona es mujer). Me da rabia sentirme incapaz de juzgar eso, pero al mismo tiempo me siento bien por haber sido capaz de darme cuenta de mi incapacidad.

¿Y ya está? Por supuesto que no. Soy tenaz y no me gusta quedarme sin poder juzgar algo. Defectos que tiene uno. Así que ahora cada vez que veo una serie me planteo cómo están representados hombres y mujeres, si hay diferencias entre ellos y, muy importante, si hay un reparto proporcional entre unos y otros. ¿Paridad obligatoria? No. Pero si en la vida real hay tantos hombres como mujeres, lo normal en una serie normal sería que hubiera la misma proporción. ¿No? Lo digo porque muy pocas películas (pasa menos en las series) superan el test de Bechdel. Y eso sí da que pensar. Nos hemos acostumbrado a una interpretación de la ficción (mainstream) en la que las mujeres tienen un papel muy diferente al de la vida real. Por supuesto, la ficción no debe ser idéntica a la realidad, puesto que perdería su sentido, pero sí debe servir para inspirarnos a crear algo mejor, para distraernos de algo que está mal o para denunciarlo. Ninguna de esas tres cosas parece suceder.

Ya voy acabando. Estoy enganchadísimo a The Good Wife. Me parece una serie extraordinaria y además muy feminista. O muy “normalista”, si a alguien le molesta la palabra en concreto. No sólo por el argumento: una mujer tiene que rehacer su vida cuando su marido, Fiscal del Distrito, es condenado por un escándalo de corrupción y sexual. Ella aguanta a su lado, pero se reivindica como mujer independiente demostrando ser una excelente abogada. No sólo por eso, sino por detalles que no se suelen ver en las series.

Para empezar, hay tantos personajes masculinos como femeninos. No es habitual. Pensadlo, no lo es. Aquí hay personajes masculinos y femeninos casi a partes iguales, tanto entre los protagonistas como entre los secundarios. Y aún más importante: hay personajes que podrían ser hombres y sin embargo son mujeres (no funcionaría en este caso con la protagonista, pero sí con otros personajes, como la Agente Federal o la propia Diane Lockhart). Todos los personajes tienen defectos y virtudes, todos la cagan y todos triunfan. Justamente no vemos diferencias entre género y eso, me parece, es inusual.

Incluso vemos una subtrama en la que una mujer de 50 años mantiene relaciones (¡NORMALES!) con señores de su edad. No hay mensaje, no es una caricatura, no sirve para nada más que para dar más profundidad a un personaje de la serie. Pero, de nuevo, no es habitual.

Me temo que mientras me siga pareciendo inusual algo que debería ser normal, habrá un problema. Pero no lo sé, yo soy daltónico. Igual deberíamos preguntar a una mujer, en lugar de decidir nosotros qué es machista y qué no.

2 comments

  1. Bajo mi punto de vista hay que diferenciar dos cosas, la ficción y la realidad, y con esto me refiero a que un libro/serie/película/lo que sea, puede o no ser un espejo de la vida real; y si hay más mujeres que hombres o viceversa, será porque el guionista o director así lo han decidido. La personalidad de los personajes también es algo aleatorio. El arte o la imaginación para crear mundos tiene esa ventaja, puedes hacer lo que te de la gana. Si pones a un asesino como protagonista no quiere decir que apoyes que la gente vaya matando por ahí. Haciendo alusión a una serie como has hecho en tu post, recuerda Dexter, que mataba y descuartizaba a diestro y siniestro, y el muy cabrón nos caía bien a todos.
    Y es que es en la vida real donde hay que poner atención a ese tipo de cosas. Yo me considero una fiel defensora de la igualdad, y una de las cosas que menos me gustan son las feministas que llevan su bandera demasiado lejos. Si te pagan la cuenta, te abren la puerta o te dicen un piropo por la calle, qué más da que sea un hombre o una mujer quien lo haga. Es en la igualdad de sueldos, leyes para la violencia y demás historias a lo que hay que prestar atención.
    Al igual que pasa con el racismo o la homofobia, a veces los que sufren de dichas agresiones son los más racistas u homofóbicos. Ejem: Soy negro y por ende todos los blancos me odian. Soy homosexual y por ende todos los heterosexuales no me respetan. Soy mujer y por ende todos los hombres me ven inferior.
    Como siempre, generalizar es un error enorme.
    Comprendo lo que dices sobre ser daltónico, pero creo que si trazas la línea desde el punto de vista de que todos somos personas y la diferencia radica en el comportamiento del bien o del mal, sabrás qué es machista y qué no lo es. Ponerse en el pellejo de una mujer cuando sufre de un comportamiento machista por parte de otra persona (hombre o mujer) es más fácil de lo que parece.

  2. Nakkuchan dice:

    No puedo aplaudir más fuerte. He encontrado a muy poca gente que haya llegado a esta conclusión, que sea capaz de reconocer que entender los problemas que uno no sufre no es fácil, y que es imprescindible preguntar y ESCUCHAR. De verdad que te doy las gracias por estas palabras. Después de lo que se puede llegar a ver por ahí, leer una opinión tan abierta de la mano de un hombre sobre este tema muy alentador.

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